Cuánto tiempo consumido en aprender a no olvidar aquello que ya no puedo echar de menos.
Cuántos otoños al acecho, tras las ventanas de una habitación diseñada para no lograr soñar con aquello que se niega a marcharse para siempre del alma.
Humanidad con la que aportar calor a mañanas que salen con pereza a calles abarrotadas de pensamientos, condenados al destierro entre mentes de gente con miedo a vivir la realidad.
Cuánto tiempo perdido, tratando de aprender a no sentir el dolor que propina la pérdida de lo amado.
Cuánto ignoramos a ese fantástico profesor de historia en el que se convierten tus noches de lamentos.
Fantasías, perseguidas por una debilidad que produce el temor a soñar, se ocultan al otro lado de la realidad donde las metas cobran peaje a cuantas esperanzas viajan a bordo de pesadillas con destino a la extinción del esfuerzo para luchar por lo que se ama.
Haciendo lo imposible por vivir sin dudas, afirmaré que miento al decir que recuerdo la noche en la que olvidé a quien regalé un puñado de mis deseos para lograr realizarlos fuera de sentimientos indecisos, esos mismos que acabarán arrastrándose por el fango del lamento.
Manos, que olvidaron escribir, acaban perdidas en un viejo y desgastado bolsillo repleto de ideas apresadas en un tiempo que optó por traicionar palabras vendidas como esclavas a un mal escritor sin sentimientos.
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Absolutamente precioso!!
muy chulo
Realmente bonito
Gracias. Saludos
Una preciosidad, me ha encantado.
Gracias.
Me alegra amiga.
Es precioso. Me encanta
Muchas gracias
Espectacular! Muy bonito!
Muchas gracias.
Sublime y preciosa reflexión amigo. Me encanta leerte. Un abrazo
Muchas gracias amigo