Me sorprendo de lo mucho que digo cuando no articulo palabra alguna y me esfuerzo por convencerme de que puedo ser distinto a aquellos que siempre cuentan su verdad. La única verdad que aún no se ha contaminado por juramentos que intentan demostrar lo que no tiene por dónde cogerse. Y no dejo de preguntarme cuál fue el día en el que olvidamos sobre el muro, que hoy nos separa, la única verdad que ya no sabemos decir.
Me sorprende ver cómo tener ánimo para todo se ha convertido en el juguete roto de la vida cotidiana, un juguete al que no le quedan pilas para ser autosuficiente a la hora de permitir que logres encontrarte siempre que te sientas perdido.
Y me dedico a trabajar en esa teoría de la improvisación que me conduce únicamente a correr con los riesgos de cometer el error de entender que lo más difícil de mi vida puede ser juzgar la crueldad, cuando nunca conocí la amabilidad, dentro de un mundo creado a voluntad en el que juego a ser el creador que, permita, se sustituya la esperanza por el miedo.
Ya no me asusto de histerias colectivas que provienen de personas con miedo a sonreír abiertamente ni de aquellas otras que intentan no soñar con realidades fuera de su alcance, para evitar con ello ser un soñador más en un mundo en el que solo se permite contar la verdad que haya puesto de moda el día que nos toque vivir.
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Es increíble como escribes
uf… chulisimo 👏👏👏
Que chulo este libro lo tengo y está muy bien
Me alegra de que te guste. Un abrazo Rosa.
Me encanta como todo lo que escribes
Me alegra amiga. Feliz día.
Precioso poema 🤗
Muchas gracias Aurelia. Un abrazo.
Precioso amigo. Un abrazo
Un abrazo amigo.